La maldición de los negros blancos

Hay más albinos en África que en cualquier otra parte del mundo. De hecho, los primeros colonizadores portugueses los designaron como una raza aparte. Si en Europa el ratio de albinos es de uno por cada 18000 personas, en África asciende a uno entre 2000 o 5000, dependiendo del país.

No es fácil ser albino en la gran mayoría de los países africanos, en muchos de los cuales, especialmente en las zonas rurales, se explica su falta de pigmentación por una maldición cernida por la familia. En casi todos los casos los niños son abandonados por sus padres, que acusan a la madre de haber mantenido relaciones sexuales con blancos o de haberse acostado con tokoloshes, espíritus malignos.

En zonas donde la pobreza se conjuga con la superstición, ya no se trata de marginación, sino de asesinato. Personas albinas han sido asesinadas y mutiladas en los últimos tiempos; y es que corre la creencia de que pócimas confeccionadas por brujos con extremidades de albinos propician el hacerse rico.

En zonas urbanas la gente sabe que el albinismo es una condición genética, el problema sigue arraigado en  las áreas rurales. Muchos albinos son pobres y  los gobiernos deben ayudarles, facilitándoles tratamientos oftalmológicos, y organizar campañas de educación. Deberán avanzar también en el terreno laboral, donde se presenta todavía cierta reticencia a la hora de contratar a personas con albinismo.

 

JM

 

¿Somos como dormimos?

Una mirada, un gesto, las expresiones no verbales… todo ello nos da pistas para saber cómo es la persona que tenemos en frente sin necesidad de que articulemos palabra. Nuestro cuerpo es una de las mejores herramientas de comunicación  que poseemos; por eso nuestro lenguaje corporal nos delata, pero ¿sucede lo mismo cuando estamos dormidos?

Nuestro cuerpo se expresa inconcientemente por la noche. Si observamos a una persona dormir durante varios días, podremos llegar a interesantes reflexiones sobre su personalidad; descubrir, incluso, su lado más vulnerable. A un nivel simbólico se podría comparar la cama con la vida propia. Si duermo a un lado y dejo el resto de la cama libre, la pregunta que he de hacerme es qué esta pasando para que no ocupe el resto de mi vida; si me siento arrinconado, qué o quien hace que me arrincone… Por el contrario las personas que se mueven y ocupan toda la cama tienen necesidad de vivir experiencias, abiertas a lo que pueda suceder e incluso a veces pueden resultar un poco egoístas.

Se ha llevado a cabo un estudio detallado de las principales posturas que adoptamos mientras dormimos. Las posturas indican una tendencia en función del momento personal en que estamos pasando. Cada una de ellas habla de la actitud que adoptamos ante la vida y cómo nos influyen los acontecimientos externos. Los resultados son realmente sorprendentes.

 

No dejéis de leer:

                           Aprender a dormir bien; Chris Idzikowski

 

Amistad Cívica

Según Aristóteles, para que las sociedades prosperen necesitan leyes e instituciones justas, gobernantes prudentes y jueces honestos, pero hay que añadir a esta lista otro ingrediente sin el cual la vida pública no funciona: la amistad cívica

 La amistad cívica consiste en que los ciudadanos de un estado, que por pertenecer a él, saben que han de perseguir  metas comunes y por eso existe ya vínculo que les une  y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legitimas.

 ¿Cuales son estas metas comunes?  Pues apostar por la educación de calidad,  la atención sanitaria eficiente y buena, el trabajo estable y por hacer realidad que todos los ciudadanos puedan expresar sus ideas libremente, siempre que no atenten contra la libertad y la vida de los otros; en mi opinión son metas suficientes para vincular a las personas en la idea de una tarea común.

  Pero no parece que este vínculo amistoso exista en las sociedades modernas; da la sensación de estar ante una ciudadanía enfrentada  en la solución de cada uno de los problemas comunes, como si para cada tema hubiera  bandos. Las razones para cada posición parecen en principio irrelevantes, porque después vienen los argumentadores que diseñan argumentarios para sostener lo insostenible. Se divide entonces la ciudadanía en bandos, que parecen ser irreconciliables.

 Pero la verdad es mucho más lo que les une que lo que les separa. No se puede construir una vida pública justa desde la enemistad y el odio, porque le faltaría este ingrediente que  es la mano intangible de la amistad cívica entre ciudadanos que se saben artífices de una vida en común. Esto no significa abolir la diversidad y generar una sociedad de individuos homogéneos, porque existen diferencias de capacidades, de creencias religiosas, de sensibilidad política, de tendencia sexual y tantas otras que componen una ciudadanía compleja que no podemos ignorar.

 

Los grupos que luchan por el reconocimiento de las diferencias son un factor de progreso y, si las sociedades quieren ser justas, han de articular esas diferencias, siempre que sean legítimas. Una tarea difícil que no tiene éxito si no hay voluntad de respetarlas desde las distintas partes. Para eso se necesita la amistad cívica de quien no ve en el otro el enemigo a abatir, sino un igual con el que hay que resolver con justicia los problemas comunes.

 

 

JM

Neuroeconomía.

Las Hormonas Financieras

 

Esta nueva corriente surgió en Estados Unidos en los años 90 y actualmente ya se imparte como asignatura en algunas universidades como las de Priceton y Nueva York. ¿Cuáles son sus fundamentos? Según sus seguidores, el comportamiento del mundo financiero tendría una base psiquiátrica. Es decir, obedecería a la acción de las hormonas, como la oxitocina. La neuroeconomía es una disciplina que pretende conocer los mecanismos del celebro implicados en cómo tomamos las decisiones que afectan a nuestro dinero. Y es que en este tipo de decisiones también intervienen los sentimientos. Hay investigaciones que muestran que cuando el celebro está alterado, los individuos toman decisiones económicas erróneas. La gente cuando está en juego su dinero, apuesta siempre por la situación menos incierta. Esto explicaría que muchos inversores sientan rechazo por los activos de renta variable  (acciones, opciones, etc.).

 

JM

Esas deudas inconcientes que nos arruinan la vida

Ricardo no pudo evitar llevar a su casa a  Luís, uno de sus amigos de la infancia, que estaba pasando por una mala situación: “sin casa, sin trabajo, con su familia lejos, no podía dejarlo en la estacada. El problema es que, después de un mes, seguía sin haber encontrado trabajo y no parece que hacía mucho por buscarlo. Empezó a haber tensiones entre Ricardo y su mujer, pero se trataba de una cuestión de lealtad: los amigos están para ayudarse.”

 Lo de Ricardo no es un caso aislado, como él, todos nos sentimos responsables de nuestros padres, amigos, hermanos, colegas de trabajo. Nos imponemos deberes, obligaciones y misiones que nos envenenan la vida cuando nadie nos ha pedido que hagamos nada. Esta actitud está motivada por lo que los especialistas han llamado “deudas inconcientes” y que nos hacen tener la sensación de que les debemos algo a los demás. Pero, ¿de donde viene esta sensación de estar en deuda?

 El ser humano sabe que no es un producto de la nada y que su origen se debe a otro. Esta relación establece una deuda simbólica y no tangible materialmente. Generalmente esta deuda esta relacionada con nuestros padres que nos dieron la vida. Si estos han mantenido un vinculo de entrega a sus hijos y piden gratitud por ello, es normal que exista de nuestra parte como hijos, una renuncia  o aceptar situaciones que no corresponden totalmente a nuestros deseos.

 Pero los padres no son los únicos responsables de estas relaciones tan asfixiantes. A su eterno  “con lo que me he sacrificado por ti”, responde el fantasma de omnipresencia de los hijos. Decir de los padres o un amigo “no puedo abandonarle, me necesita”, es someterse a la ilusión infantil  de que sin nosotros no podrían salir adelante.

 ¿Cómo salir de este círculo infernal?   Aprender a decir que no.

 Vivir según nuestro deseo obliga a cerrar puertas, a dejar de lado relaciones que se han empobrecido o que han dejado de interesarnos. No se trata de egoísmo, sino de abrirnos al mundo. Por supuesto por el alzo con el pasado y la fidelidad  son dos valores importantes que crean una continuidad en nuestra existencia. Los testigos de nuestra vida son puntos de referencia reconfortantes que nos ayudan a mantenernos en pie, a hacerle frente a un futuro desconocido. No se trata de renegar de nuestros amigos o nuestra familia, sino de deshacernos de lo que nos retienen y poder acceder así a nuestra propia autonomía. No es gratitud, sino una cuestión de supervivencia.

 

“La eterna deuda es sacrificarse o no y hacerlo sin sentirse culpable”

 

JM

Somos contradictorios

 “Yo no tengo nada contra las mujeres, pero a mi no me opera una cirujana” , lo dijo un directivo de  gran reputación, un hombre casado con una mujer trabajadora, padre de una abogada.

“Yo no soy racista, pero no toleraría que mi hija se case con un negro”, lo dice mucha gente, lo piensa así casi todo el mundo.

 Estas ideas aparentan ser contradicciones, pero obviamente no los son, el directivo de gran reputación sí tiene algo contra las mujeres  y los otros sí son racistas. Salvando las distancias, algo parecido les sucede a estos políticos implacables, con la moralidad, que son descubiertos un día como asiduos compradores de sexo. Quizá en este caso la palabra sea hipocresía, que es una contradicción inmoral, una contradicción que esconden los que la protagonizan.

 De esas contradicciones todos tenemos algunas; en ellas influyen más lo que pensamos racionalmente (qué es lo bueno) y de los prejuicios que aún tenemos (qué es lo malo), pero hay que darse cuenta que los prejuicios existen.

 Pensar una cosa y hacer otra, la esencia de la contradicción, es uno de los defectos humanos por excelencia, pero no deja de ser perturbador. Es recomendable despejar la mente de contradicciones y caminar hacia la coherencia. Conviene no ignorar inconsistencias y saber que el primer paso para desactivar una contradicción es reconocerla; porque mientras pensemos que “no somos racistas, pero…” es que sí somos racistas.

 

JM

 

 

 

Cuando se pierde… se pierde. Reflexión sobre la huelga de transportistas.

 

La exigencia de los camioneros de un precio mínimo por sus servicios  es la evidencia de un gran desconocimiento del entorno en que vivimos hoy en día.

 Es de amplia aceptación que la nuestra es una economía de mercado y  por consiguiente también aceptamos las reglas que la hacen funcionar, es decir todos compiten con todos y que se puede ganar o perder. En los días que vivimos esta es la parte que no queremos recordar de este común acuerdo. Cuando la economía va bien, nadie se queja y cada cual se hace con sus beneficios; pero cuando las cosas se vuelven feas hay que recurrir al gran “PADRE” que es el estado para que nos ayude, pues error!!!, el estado no tiene la obligación de salir al rescate de nuestros negocios cuando las cosas van mal, seamos camioneros, pescadores, taxistas, constructores, limpiabotas o  artististas subvencionados; si aceptamos tan placidamente los resultados cuando son buenos, debemos hacer el ejercicio de asumir también las pérdidas, porque entiendo que cuando el estado paga, no lo hace con sus  fondos (nunca los ha tenido) sino con los impuestos y ahorros de la sociedad en su conjunto y me parece injusto que algunos deban compensar las perdidas de otros.

 En mi opinión lo único que podemos pedirle es que garantice que las reglas de juego sean iguales para todos y sancionar de manera severa a los que se pasen de listos.

 

JM

El papel del gobierno en la economía moderna (I).

 

 Defensa y garantía de los derechos de propiedad.

 

 

La primera tarea del gobierno es proteger a los ciudadanos frente a las agresiones foráneas o frente a los robos cometidos por los conciudadanos. Es decir, la defensa nacional, la policía y el sistema judicial. Si los ciudadanos de un país viven sumergidos en el miedo constante de que sus propiedades, empresas, casas o motocicletas pueden ser robadas en cualquier momento, la libertad de elección que permite que la economía funcione desaparece, y se llega al colapso inmediato. Así pues, la primera misión del gobierno es garantizar los derechos de propiedad que permitan a los ciudadanos ganarse la vida en libertad. Ello debe hacerse legislando, ejecutando las leyes e impartiendo justicia (que también incluye que los propios miembros del gobierno  no sean corruptos y abusen de su posición de poder para robar el dinero de los ciudadanos y de las empresas). Sin la garantía de los derechos de propiedad la economía no puede funcionar!

 

 

Por pedir… no se cortan un pelo.

 

El país semanal; 30 de marzo. Carta de la semana (fiel trascripción)

 

Hola, soy un chico de 21 años que cada domingo coge su revista semanal para leerla un rato. En la del domingo 9 de marzo, había un articulo sobre ‘100 ideas para mejorar España’. Pues bien me gustaría añadir la 101.

 

Se debería pensar más en los jóvenes, se deberían dar mas ayudas para conseguir cosas que nos hacen falta, como puede ser una casa o un coche, y así no depender de  tanto de papá y mamá. En cuanto  a la casa, no importa que si está lejos de la familia o no, o que fuera un edificio al estilo de una residencia donde pudiéramos estar los jóvenes,  ser mas independientes de nuestros progenitores y poder hacer lo que quisiéramos: montar fiestas con los amigos, poder llegar a casa sin miedo de despertar a nadie a las cuatro de la madrugada… Y en cuanto al coche, la mayoría  de los jóvenes que se sacan el carné de conducir, o bien no tienen coche o se quedan con el coche viejo de la familia, teniendo este, como el caso de un servidor, más de 10 años y sin las medidas de seguridad de los coches actuales. Tampoco pido un mercedes último modelo, pero al menos se podría ayudar a conseguir un coche parecido a los que tienen las autoescuelas, para poder hacer viajes en condiciones seguras, ser mas independientes y tener más facilidades a la hora de encontrar empleo.

 

Firma. X

  

El país semanal; 20 de abril. (fiel trascripción)

 

El pasado domingo 30 de marzo tenia ante mi la carta de la semana de esta misma sección que empezaba de la siguiente forma: “Hola, soy un chico de 21 años”. Yo también soy una chica de 21 años, así que la noticia atrajo mi interés rápidamente.

 

A medida que avanzaba en el texto fui cambiando mi sentimiento de identificación por los de estupefacción y decepción. X expresaba sus deseos de autonomía, que, por descontado, tanto yo como la mayoría de la gente de nuestra edad compartimos. Pero, con todos mis respetos, creo necesario matizar un par de conceptos que en mi opinión, el remitente tiene mal entendidos.

 

¿De qué sirve dejar de depender de papá y mamá, para pasar a depender del Estado, que al fin y al cabo no deja de ser los papás y mamás de otros?

 

La autonomía no comporta solo ganancia de comodidades y privilegios como un coche “molón” o una residencia donde poder organizar fiestas sin la molesta intromisión paterna. Para mí, autonomía es sinónimo de autosuficiencia y contraria a dependencia, y se consigue única y exclusivamente mediante el trabajo y el esfuerzo, y no a través de la simple demanda.

 

Desgraciadamente, compañero, ni el estado ni la vida nos deben nada y esto no quita que reivindiquemos ayudas para acceder a viviendas, y sueldos dignos para los jóvenes. Pero es imprescindible recordar que el sueldo es algo que se da siempre a cambio de trabajo. He creído conveniente desmarcarme de esta visión de la realidad que  muestra mi compañero y aclarar que no todos los jóvenes estamos posicionados en la mera reclamación de “porque yo lo valgo” que desgraciadamente en demasiadas ocasiones desacredita las reivindicaciones de los jóvenes.

Firma  Y

 

  

Josmanika dice:

 

 ¿Qué clase de juventud pide dinero para comprarse un coche, o ayudas para comprar una casa con el único objetivo  de poder hacer lo que les dé la gana? Esta juventud no pide ayudas para estudiar y formarse adecuadamente y desempeñar un trabajo que le permita devolver a la sociedad parte de lo que le esta dando. Con esta juventud no sé a donde llegaremos. Esta es la idea 101 de un joven de 21 años de cómo mejorar España. La mía  es de meter a estos vagos (perdón por la expresión) a trabajar de verdad y olvidarse de la caridad del estado y la de sus padres! que ya les exprimen bastante.

 

 

¿A que se dedican los economistas?

La gente tiene una idea equivocada de lo que hacemos los economistas, piensan que nos dedicamos a ganar dinero a base de explotar nuestra capacidad de pronosticar el futuro; no es de extrañar que a menudo te pregunten qué acciones deben comprar para hacerse rica, en que porcentaje bajarán los tipos de interés o cuánto durará la crisis hipotecaria. Cuando nos piden responder a estas cuestiones nos meten en un aprieto porque los economistas no tenemos ni idea de hacer predicciones y menos cuando se trata de predicciones sobre el futuro.

 

¿Por qué motivo  no saben los economistas hacer predicciones?   

 

 

La verdadera razón es que nuestro trabajo no consiste en hacer profecías y, por tanto es normal que no sepamos hacerlas. El trabajo de los médicos no es adivinar si una determinada persona pillará la gripe dentro de tres meses y, por siguiente, nadie les critica su incapacidad de hacer este tipo de predicciones. Su trabajo es diagnosticar la enfermedad cuando el paciente ya esta mal y proporcionarle los medicamentos que hagan que la gripe sea lo menos dolorosa. Del mismo modo, el trabajo de los economistas no consiste en adivinar cuando llegará la próxima crisis económica, sino diagnosticarla cuando llegue y proporcionar las políticas que la hagan  lo menos dolorosa posible. Pues nuestra profesión, a diferencia de lo que la gente cree, se parece  más a la de los médicos que a la de los meteorólogos, en el sentido que nuestra misión no es tanto predecir el futuro sino cómo currar las economías que están enfermas y mantener sanas las que funcionan bien. Y esto es así tanto por lo que se refiere a las economías familiares y empresariales como por lo que hace referencia a países.